Asomándonos a La Revolución Cubana de Bitcoin

A medida que las manifestaciones políticas le muestran al mundo que los cubanos están hartos de la dictadura, Bitcoin ofrece una alterativa para protestar pacíficamente y salir de un sistema quebrado.

Lucía es una trabajadora médica de 30 años y usuaria de Bitcoin que vive en Matanzas, una ciudad de unas 150.000 personas ubicada a unos 80 kilómetros al este de La Habana, en la costa norte de Cuba. La ciudad fue llamada así por una rebelión indígena contra los colonizadores españoles. Luego, en el siglo XIX, el asentamiento se convirtió en un epicentro de esclavitud y plantaciones de azúcar. Hoy, como todas las ciudades cubanas, es la zona de impacto de una crisis humana y financiera.

El pueblo cubano está sufriendo su peor conflicto económico desde principios de la década de 1990, cuando la Unión Soviética colapsó y el Régimen perdió su principal salvavidas. En ese momento, el dictador Fidel Castro les dijo a los ciudadanos que debían unirse para atravesar un “período especial”. La época estuvo marcada por la escasez de alimentos, apagones, el arriesgado escape en balsas de miles de personas a Florida y una estrepitosa devaluación del peso vinculado al rublo soviético. Entre 1991 y 1994 la economía cubana se contrajo un 35% y la calidad de vida se deterioró dramáticamente.

Las tensiones alcanzaron su punto máximo en el verano de 1994, cuando estalló en La Habana una protesta contra el gobierno conocida como el Maleconazo. Sin el subsidio soviético, el sistema de racionamiento estatal no podía mantener a la población, y de repente bienes de importancia solo se podían comprar con dólares, los cuales costaban cada vez más a los cubanos, con sus salarios y pensiones en pesos.  En su desesperación, el Régimen violó su filosofía colectivista fundacional e impuso una serie de impuestos sin precedentes a la población. En consecuencia, decenas de miles de manifestantes se reunieron en el malecón para pedir el fin del gobierno.

En ese entonces el Internet no existía, por lo que el Régimen pudo sofocar el movimiento mediante brutalidad policial, asegurándose al mismo tiempo que la mayoría de los cubanos apenas se enteraran de que había sucedido algo. La televisión y radio estatales mencionaron brevemente una pequeña reunión de delincuentes y alborotadores. Pero en realidad, el Maleconazo fue una asombrosa muestra de disidencia. La más grande en la isla desde la Revolución.

Cuando el sistema monetario se quiebra, esto pone en amenaza la supervivencia de un régimen.

I. Purificación monetaria

Hoy, Lucía y otros cubanos hablan de un nuevo Período Especial. Como resultado de la reforma monetaria y la frustración social de décadas de represión y burocracia, nuevamente hay escasez, apagones, inflación extrema y protestas.

La gran diferencia es que hoy en día, con el acceso generalizado a los teléfonos móviles y al Internet, todo el mundo sabe lo que está pasando. El mes pasado, el 11 de julio, estalló la mayor protesta contra el gobierno desde la Revolución de 1959, no solo en La Habana sino en ciudades de toda Cuba.

Con un conocimiento de primera mano del sistema médico, Lucía me dijo que la red de soporte humano en Cuba se está derrumbando. La pandemia ha sobrecargado los hospitales de Matanzas, dijo, y los cadáveres se amontonan en las calles. Hace un calor extremo y los cubanos pasan muchas horas al día sin luz. La comida (especialmente la carne de res, el pescado, el pollo y los huevos), es escasa o incluso imposible de encontrar. Las nuevas regulaciones estadounidenses, aprobadas por el presidente Trump justo antes de dejar el cargo, han aislado financieramente a los cubanos de sus familias en Estados Unidos.

“Es difícil conseguir comida, es difícil conseguir medicinas, es difícil conseguir artículos de higiene personal, la red eléctrica no funciona, la pandemia está llegando a su punto máximo, miles de personas mayores están falleciendo, el sistema de salud está colapsando, no tenemos oxígeno ni ventiladores”, dijo Lucía. “Todo esto ya fue demasiado. Esto es lo que sacó a la gente a las calles ”.

Lucía me dijo que en la raíz de las insuficiencias del Estado y de este levantamiento ciudadano sin precedentes está una crisis de dinero.

En enero, el Partido Comunista de Cuba llevó a cabo lo que describió como una “purificación monetaria”. Desde 1994, el gobierno emitió dos tipos de monedas: el peso cubano (CUP), vinculado al dólar en 24:1, y el peso cubano convertible (CUC), vinculado al dólar en 1:1.

Los salarios y pensiones del sector público siempre se pagaron en pesos, pero durante años, los ciudadanos han necesitado obtener CUC para comprar artículos clave como medicamentos, cualquier alimento más allá de lo básico, ropa, artículos de limpieza y electrónicos. El Régimen diseñó el sistema para succionar valor de la población: vendiendo CUC por 25 pesos en las casas de cambio estatales llamadas cadecas, solo para recomprarlos por 24 pesos. El Régimen sabía que tendría que seguir imprimiendo e inflando pesos para dotar su centralizada economía planificada, incluso con el colapso de sus sectores agrícola e industrial. El sistema de doble moneda le dio soporte vital, apuntalando el poder adquisitivo de la élite y sus conexiones.

Como Lucía describió, el resultado del sistema fue la creación de una realidad en la que se podía comprar una taza de café, un viaje en autobús o incluso una comida pequeña por un precio increíblemente barato en pesos, pero un par de zapatos o un plan de teléfono, tasado en CUC, podrían costar el salario de un mes entero. Esto colocó a los trabajadores estatales, incluidos maestros, policías y trabajadores médicos como ella, en una grave desventaja económica en comparación con cualquier persona expuesta al sector turístico, como camareros o taxistas.

La trágica ironía es que los trabajadores no calificados a menudo estaban mucho mejor económicamente que los altamente educados, muchos de los cuales terminaron abandonando sus carreras para limpiar mesas o recoger personas del aeropuerto para poder acceder a la economía CUC. El sistema de moneda dual institucionalizó la desigualdad, creando evidentes clases de ricos y pobres. Para muchas personas como Lucía, esto más que cualquier otra cosa demostró que la Revolución era una farsa.

Más de un millón y medio de cubanos han huido de su hogar desde que Fidel Castro y sus tropas capturaron La Habana en 1959, y muchos terminaron en Estados Unidos. En la década de 1960, Castro y sus compinches desencadenaron la huída de personas y capitales al imponer una planeada economía comunista en Cuba; nacionalizando negocios, confiscando tierras y reduciendo prácticamente a cero el papel del sector privado.

Muchos cubanoamericanos todavía tienen familiares en la isla y encuentran la forma de enviarles dólares. Se estima que cada año se envían a Cuba hasta 3 mil millones de dólares. Para convertir dólares a CUC, hay que pagar una tarifa de 10%, como mínimo, al estado. El sistema fue diseñado para absorber divisas fuertes y proporcionar a los cubanos “dólares falsos” o, peor aún, pesos.

Fidel Castro cedió el control a su hermano Raúl en 2006 y, desde entonces, el Régimen ha realizado una serie de lánguidas reformas económicas para mantenerse con vida. Como escribió Anthony DePalma en su libro de historia moderna, “The Cubans“, el gobierno comunista jugó con el capitalismo “de la misma manera que un tigre juega con su presa: golpeándolo ligeramente un momento y exprimiéndole la vida al siguiente”. Los funcionarios socialistas instaron a los aspirantes a capitalistas cubanos a seguir adelante y abrir sus pequeñas empresas, luego erigieron capas de regulaciones onerosas para limitar las ganancias y perjudicar el éxito de estos emprendedores. Su verdadero objetivo no era sacar a millones de personas de la pobreza, sino evitar que otros ganaran millones”.

A partir de 2011, Raúl habló abiertamente de la necesidad de unificación monetaria, pero gobernó durante otros siete años sin tomar ninguna medida. El desastre económico cubano que presidió, se puede resumir con un dato: en 2015, el PIB per cápita de Cuba era aproximadamente el mismo que en 1985, a pesar de tener un potencial económico mucho mayor con un 13% más de ciudadanos.

En 2018, el burócrata comunista Miguel Díaz-Canel asumió la presidencia cubana, poniendo fin a casi 60 años de tiranía familiar de los Castro. Al igual que Raúl, Díaz-Canel presidió cambios en la economía planificada (despidos masivos de trabajadores estatales o permitir que pequeñas empresas operen de forma privada), pero continuó repitiendo el grito de guerra de Fidel en sus discursos: “¡Patria o muerte! ¡Socialismo o muerte! ¡Venceremos!”

Como escribió DePalma, “Fidel y el Che están muertos. La tumba de Raúl ya tiene su nombre escrito y el nuevo presidente es tan poco reconocido en el mundo como el líder de cualquier país pequeño. La mitología de la Revolución significa muy poco para la juventud cubana que, con sus tatuajes, sus teléfonos inteligentes y su nihilismo hirviente, ven a los viejos de la Sierra como gente desconectada de su propia realidad. La ayuda exterior de la que Cuba dependió durante tanto tiempo (primero de la ex Unión Soviética, luego de Venezuela y, adicionalmente, de naciones simpatizantes de todo el mundo), se ha agotado; y para citar a Margaret Thatcher, Cuba se ha quedado sin dinero de otras personas. En la parte inferior de cada receta ahora se escribe: la atención médica en Cuba es gratuita, pero cuesta dinero ”.

Lucía está de acuerdo y dice que la revolución se ha agotado. Díaz-Canel no es Fidel y por ende no puede sofocar las protestas con carisma personal o una Policía Secreta que opera en un mundo sin Internet. Se vió obligado a hacer algo, y ese algo fue la “purificación monetaria”.

A partir del 1ro de enero de 2021, el CUC se eliminó oficialmente. A los cubanos se les dieron seis meses para cambiar sus CUC por pesos al tipo de cambio oficial. Esto constituye un robo de tiempo masivo, considerando que los cubanos trabajaron duro para esos CUC, y ahora están siendo liquidados de posiciones en dólares a cantidades minúsculas de una moneda que se deprecia rápidamente. Incluso antes de enero, los CUC se cambiaban ya con un descuento del 15% frente al dólar.

Durante los últimos ocho meses, la reforma monetaria ha provocado una devaluación masiva del peso. Los cubanos han perdido casi dos tercios de su poder adquisitivo desde finales de 2020, ya que el precio de 1 dólar ha pasado de la tasa oficial de 24 pesos a llegar a costar incluso 70 pesos en el mercado negro.

En 2018, el salario promedio oficial en Cuba fue de aproximadamente 9,300 pesos al año, o alrededor de $ 372. Lucía me dijo que una libra de arroz el año pasado le costaba 6 o 7 pesos, pero hoy cuesta más de 50. Dos kilos de pollo antes costaban 60 pesos, pero ahora cuestan más de 500. Los economistas suelen decir que la inflación no es problema mientras los salarios suban al mismo tiempo, pero los salarios apenas se han movido, o incluso han bajado en términos de dólares.

El gobierno ha extendido el período para que los cubanos canjeen CUC unos meses más, pero su uso se ha evaporado, ya que la moneda esencialmente ha sido reemplazada por la “Moneda Libremente Convertible”, o MLC.

Introducido por el Régimen en 2019 como el futuro sistema monetario de la isla, el MLC funciona como una tarjeta de regalo reutilizable. Hay una tarjeta MLC de plástico que se puede recoger en un banco y dos aplicaciones diferentes que se pueden descargar en un teléfono móvil. No hay billetes, monedas o formas de ganar intereses con MLC. La funcionalidad apunta a que los ciudadanos brinden información de su cuenta a contactos en el exterior, quienes envían monedas fuertes, que el Régimen incauta y reemplaza con crédito MLC,  para que los cubanos gasten en las tiendas administradas por el gobierno.

Por una ironía del destino, los cubanos (que en su mayoría siguen pagados o pensionados en pesos) no pueden comprar MLC con pesos. La única forma de “recargar” oficialmente su cuenta MLC es con divisas extranjeras. La única forma de conseguirlos es que familiares o contactos en el extranjero envíen fondos a esa cuenta. Al comienzo ésto se podía hacer con dólares, pero después de que la Administración de Trump tomó medidas severas contra las remesas a Cuba (a raíz de un escándalo en el que diplomáticos estadounidenses se enfermaron después de una aparente exposición a armas sónicas), esa opción desapareció, por lo que MLC ahora es principalmente generado a través de libras, euros y dólares canadienses.

Como una nueva versión de la tendencia que empezó hace 25 años, de mejores productos solo disponibles en las tiendas donde solo aceptaban dólares convertidos a CUC, las tiendas MLC de hoy son básicamente el único lugar donde comprar buena comida, medicamentos, artículos de limpieza, electrodomésticos y otros artículos esenciales. Las tiendas en pesos se encuentran con una escasez constante y tienen muy pocos productos de muy baja calidad. Los cubanos que tienen familia en el exterior consiguen recargar la cuenta de MLC y comprar cosas para seguir con su vida; pero los cubanos que no tienen la misma suerte, deben agarrar sus pesos y cambiarlos por MLC en el mercado negro. A la fecha de publicación, el tipo de cambio real ronda los 65 pesos por un MLC.

Mediante el sistema MLC, el Régimen cubano prácticamente puede imprimir pesos para obtener moneda fuerte. Es una serruchada de piso sobre la población cubana y una de las principales razones de las históricas protestas actuales.

Lucía dijo que la narrativa oficial del gobierno es que el sistema MLC es necesario para que el estado atraiga divisas fuertes para poder comprar cosas en el mercado internacional y así mantener el sistema en funcionamiento y alimentar a la gente; una asombrosa admisión del fracaso de la Revolución.

II. Encontrando la libertad a través de Bitcoin

Conocí a Lucia en Telegram, a través de un amigo en común que administra un grupo de chat de Bitcoin en América Latina. Hace dieciocho meses comenzó a comprar bitcoins con su salario estatal. Utiliza grupos de Telegram para encontrar personas dispuestas a vender su bitcoin a cambio de MLC o pesos. Hace transacciones en persona, en un café, por ejemplo, donde envía MLC desde su cuenta móvil a la del vendedor, o entrega billetes en pesos estampados con las caras de figuras revolucionarias como el Che Guevara a cambio de una transferencia de bitcoin a la wallet Blockstream Green.

Desde que Lucía comenzó a “apilar sats” (“stacking sats”: como se llama comúnmente al ahorro de bitcoins), los frutos de su trabajo han crecido significativamente y su poder adquisitivo ha aumentado dramáticamente. Desde la primavera de 2020, bitcoin ha aumentado de menos de $5,000 a más de $40,000. Si Lucía hubiera mantenido sus ahorros en pesos, lo habría perdido casi todo. Bitcoin ha cambiado y salvado su vida.

Lucía me dijo que no es una persona con muchas habilidades técnicas. Al principio no pensó que Bitcoin iba a ser relevante para ella (“No me gustan las matemáticas”, dijo), pero a principios de 2020, comenzó a ver RT durante unas horas todos los martes, jueves y sábados. Como se trata de propaganda rusa de confianza, el Régimen cubano transmite RT (antes “Russia Today”) en la televisión estatal. Sin embargo, un programa llamado “Informe Keizer” (producido por Max Keizer y Stacy Herbert) evangeliza el uso de Bitcoin. Probablemente le permiten salir al aire por su tono muy crítico con la política exterior de Estados Unidos. El programa ha actuado como una especie de caballo de Troya, llegando a una gran cantidad de cubanos y venezolanos a través de la programación estatal e incorporándolos a la nueva economía de Bitcoin. Irónicamente para Lucía, fue la propaganda estatal socialista la que le mostró cómo obtener la libertad personal, no los cientos de millones de dólares que Estados Unidos ha gastado en la promoción de la democracia en Cuba desde la década de 1990.

Cautivada por lo que escuchó en el “Informe Keizer” sobre una nueva forma de dinero digital, Lucía comenzó a investigar sobre Bitcoin. Eventualmente se unió a un grupo de Telegram, primero en inglés y luego en español, lleno de otros latinoamericanos que siguen el programa. Estas comunidades le dieron una educación completa sobre cómo usar Bitcoin.

“Me enseñaron cómo podía ser mi propio banco”, dijo Lucía.

Un día, a través de una conversación, Lucía descubrió que uno de sus amigos también estaba interesado en Bitcoin, y empezaron a hablar de ello con regularidad. Lucía también se unió a varios grupos de Bitcoin centrados en Cuba, en Telegram, y continúa expandiendo su conocimiento. Cuando ella compró y luego envió $10 de bitcoin a un amigo en el extranjero los dos se maravillaron del hecho de no tener que usar un banco, proporcionar ninguna identificación o usar el sistema oficial de ninguna manera. Incluso se dieron cuenta que la moneda en sí no había sido producida por un estado o corporación, sino por una comunidad en Internet. Ni siquiera sabían quién creó Bitcoin, y no parecía importar.

“Esto es revolucionario”, me dijo. “¿Qué papeles tuve que llenar? Ninguno en absoluto.”

Lucía me dijo que muchas personas reciben Bitcoin del exterior y luego lo convierten a MLC o pesos para comprar alimentos o suministros. En su caso, lo usa para invertir para su futuro. Ella lo llama su “reserva personal” y la mejor opción para ahorrar dinero.

Dijo que el embargo de Estados Unidos sigue siendo muy doloroso para los cubanos.

“Mucha gente negará esta realidad”, dijo, “pero ya no podemos comprar MLC con dólares. No tenemos acceso a aplicaciones financieras estadounidenses. Nuestras familias en los Estados Unidos tienen dificultades para enviarnos dólares “.

“Bitcoin”, dijo, “ayuda a aliviar el dolor”.

Lucía ve a Bitcoin como una alternativa al sistema del dólar.

“Cuando seamos libres del dólar”, me dijo, “entonces tendremos libertad”.

Varios cubanos con los que hablé para este reportaje demostraron un patriotismo sostenido similar, a pesar de la traición de la Revolución.

“El embargo pone a nuestro gobierno contra el muro”, dijo Lucía, argumentando que Bitcoin puede dar independencia no solo a personas como ella a nivel individual, sino a la sociedad cubana en su conjunto.

Ella le da el crédito a su curiosidad por su nueva vida con Bitcoin.

“La curiosidad es lo que mueve a la gente. Eso es lo que me motivó a convertirme en trabajadora médica ”, dijo. “Anima a todos los seres humanos”.

Esta curiosidad ahora la está impulsando a aprender sobre Bitcoin y a difundirlo entre los demás.

“La gente tiene tantas preguntas”, dijo. “¿Quién lo hace? ¿Cómo funciona? ¿Dónde se consigue? Es bueno aprovechar estos momentos de aprendizaje”.

Me dijo que ahora está enseñando personalmente a más gente en Matanzas y en sus círculos más amplios sobre cómo usar Bitcoin.

Pero aprender es difícil. Debido a la desesperación, dijo, muchos cubanos han caído en marketing multinivel y esquemas piramidales. El Estado, dijo, asocia Bitcoin con estos esquemas, por lo que la gente en general tiene miedo de involucrarse. Bitcoin es difícil de aprender, dijo. No se parece a nada que la gente haya visto antes. Sus facultades son difíciles de creer. Usarlo correctamente requiere tiempo e investigación.

“La adopción ya está ocurriendo”, dijo, “pero llevará tiempo”.

Lucía concluyó nuestra conversación diciéndome lo importante que es para las mujeres cubanas usar Bitcoin, diciendo que es “vital que las mujeres aprendan a hacer valer su libertad financiera”. Aunque la sociedad cubana podría estar relativamente avanzada en el área de los derechos de la mujer, dijo, todavía existe una cultura generalizada de machismo y misoginia. Incluso en este contexto, la mayoría de los hombres ni siquiera comprenden la independencia financiera, dijo, “así que imagínense lo difícil que es para las mujeres”.

“Bitcoin te permite controlar tu dinero, tus gastos y, por extensión, tu vida. Como mujer ”, dijo,“ mi futuro finalmente está en mis propias manos ”.

III. La historia de la miseria económica de Cuba

A finales de la década de los cincuenta, Cuba era uno de los países más ricos de América Latina. Como escribió el investigador de divisas Boaz Sobrado, “Cuba tenía más en común con estados de Estados Unidos como Luisiana y Florida que con países hispanos como México y República Dominicana. El ingreso per cápita cubano superaba al de México en un 70% y al de República Dominicana en un 300%. Su ingreso per cápita era incluso mayor que el de las ex potencias coloniales de España y Portugal ”.

Sobrado señaló al Havana Hilton como un “símbolo de la opulencia cubana de mediados de siglo”. Era el hotel más alto y más grande de América Latina, con 630 habitaciones, 42 suites, un casino, seis restaurantes y bares, un “arcade”, una piscina al aire libre y un amplio sistema de garajes subterráneos. Entonces, a primera vista, Cuba parecía un lugar poco probable para una revolución socialista. Pero detrás del glamour de La Habana vieja había una sociedad profundamente rota.

El dictador Fulgencio Batista gobernó la isla con mano de hierro y con un fuerte apoyo del gobierno y el sector privado de Estados Unidos. Los ingresos anuales de Cuba admirablemente alcanzaban 353 dólares per cápita en 1958, pero la mayoría de los trabajadores rurales ganaban menos de 100 dólares y tenían muy pocos servicios públicos y una infraestructura muy débil. Las corporaciones y gobiernos extranjeros controlaban la economía, poseyendo alrededor del 75% de la tierra cultivable, el 90% de los servicios esenciales y el 40% de la producción de azúcar.

Durante la década de 1950, Fidel Castro dirigió un movimiento socialista que desafió al Régimen de Batista. A finales de la década, su táctica de guerrillas, dirigidas desde las zonas montañosas y rurales, habían agotado una gran cantidad de fondos y energía de la capital. En 1958, el gobierno de Estados Unidos impuso un embargo de armas a Cuba, ya que Batista comenzó a perder todo el apoyo extranjero. El 1ro de enero de 1959, las fuerzas de Castro capturaron La Habana.

“El Comandante” prometió una revolución popular, pero su gobierno rápidamente descendió a la tiranía, con campos de concentración, miles de ejecuciones arbitrarias, Policía Secreta, un estado de vigilancia a la par de Alemania Oriental o Corea del Norte y prisioneros políticos. Los gulags cubanos fueron especialmente crueles. Sus horrores, antes tapados, finalmente fueron sacados a la luz por los testimonios de sobrevivientes en libros como “Contra toda esperanza” de Armando Valladares.

Como escribió Anthony DePalma, “los cubanos que se atrevieron a pensar de otra manera temían más que nada al siempre presente CDR (Comité de Defensa de la Revolución) de su barrio. El presidente de cada CDR local era la persona a la que informaban los soplones del vecindario. Hacían un seguimiento de quienes no habían asistido al desfile del Primero de Mayo, quienes escuchaban el juego de béisbol mientras Fidel hablaba por la radio, quienes tenían una antena parabólica ilegal escondida debajo de un barril en el techo, y pasaban la información al temido Ministerio del Interior, capacitado por la Stasi y la KGB. Los presidentes de los CDR tenían lo que algunos llamaban “poder de fusilamiento a dedo”, señalando y denunciando a cualquier sospechoso de actividades contrarrevolucionarias. Simplemente permitir que alguien use su teléfono para llamar a un familiar en Miami podría desencadenar una denuncia y arruinar una vida. La red de vigilancia era tan omnipresente que los cubanos temían expresar cualquier queja. Incluso en sus propias casas, se abstenían de mencionar el nombre de Fidel, por si alguien los escuchaba. En vez de decir su nombre, se acariciaban una barba imaginaria cuando se atrevían a criticar al Comandante”.

Más allá de ser brutalmente represivo e invasivo, el nuevo gobierno también carecía de experiencia en lo que respecta a la gestión real de una economía. Siguieron el ejemplo soviético de un sistema financiero planificado y rápidamente se volvieron dependientes de la URSS como mercado de exportación. Los economistas fueron reemplazados por fieles al Régimen, independientemente de sus antecedentes o aptitudes. Se dice que cuando Castro eligió al Che Guevara como jefe del Banco Central Cubano, fue porque Guevara levantó la mano después de que Castro preguntara si alguien era economista, pensando que Fidel preguntó si alguien era comunista.

A principios de la década de 1960, en una serie de represalias de ida y vuelta, las administraciones de Eisenhower y Kennedy impusieron restricciones comerciales y, finalmente, un bloqueo total a Cuba, mientras Castro y sus tropas nacionalizaban cientos de millones de dólares en propiedades y negocios estadounidenses.

La Revolución fue desastrosa para los ahorros personales de los cubanos. Como presidente del banco central, Guevara cambió la vinculación del peso del dólar al rublo, devaluando los pesos existentes en un 75%. Luego, se desmonetizaron los billetes prerrevolucionarios. Si las nuevas autoridades se negaban a aceptar tu dinero antiguo, lo perdías todo.

Varios planes e intentos estadounidenses de derrocar a Castro fracasaron y el Régimen persistió. Se volvió estructuralmente dependiente de los soviéticos para obtener petróleo, préstamos, armas, capacitación técnica y como mercado para vender su principal exportación de azúcar, que Moscú compraba a un precio subsidiado por encima de los precios de mercado.

Durante las siguientes décadas, la economía de Cuba creció, en gran parte debido a su relación con los soviéticos. Pero incluso durante los tiempos más prósperos de la Cuba comunista, a fines de la década de los 70 y principios de la de los 80, todavía era difícil hacer que el dinero alcance y miles de personas intentaron marcharse. En 1980, más de 125,000 cubanos huyeron a los Estados Unidos en alrededor de 1,700 embarcaciones y balsas en un evento conocido como el Éxodo de Mariel.

Cuando la Unión Soviética se disolvió a principios de la década de 1990, el Régimen de Castro perdió incluso 5 mil millones de dólares en subsidios anuales y las exportaciones de azúcar de Cuba se desplomaron en un 80%. El peso sufrió una devaluación, de valer 5 por dólar a 150 por dólar. Castro pidió al pueblo cubano que hiciera un sacrificio colectivo para pasar el Período Especial, similar a la forma en que Kim Jong Il pidió al pueblo norcoreano que se mantuviera fuerte y comprometido durante la Hambruna en Corea del Norte a fines de la década de 1990 cuando murieron millones de personas.

Durante el Período Especial, muchos cubanos solo encontraban o se podían permitir alimentos para comer una sola vez al día. Su “libreta” (de racionamiento)’ prometía cosas como carne de res y pollo, pero estos artículos desaparecieron. Fidel había prometido que todos podrían tomar un vaso de leche todos los días, pero incluso eso faltaba.

Según DePalma, los cubanos “aplanaban y ablandaban las cáscaras de toronja y las freían como si fueran filetes. Las cáscaras de plátano molidas y mezcladas con especias se convirtieron en otro insulso sustituto de la carne “. Cada familia recibía alrededor de nueve huevos por mes. La escasez de alimentos estuvo acompañada de apagones “tan rutinarios y prolongados que las noches sin luz se convirtieron en la norma. Los cubanos celebraban los breves períodos en los que las luces volvían a encenderse como fenómenos fugaces que emocionadamente llamaban alumbrones”.

La industria colapsó. Por ejemplo, a finales de los años noventa, las flotas pesqueras prácticamente desaparecieron. Hoy en día, los cubanos consumen solo el 25% del pescado y marisco que consumían a finales de la década de 1980. En una nación donde uno nunca está a más de 100 kilómetros del agua, los cubanos bromean sobre ser una “isla sin peces”. Un país que antes producía el 80% de sus alimentos ahora importaba el 80%. Sobrado escribió que el consumo interno de Cuba “nunca se recuperó a los niveles anteriores a 1990”, un trágico compendio de un estado hambriento.

Los tiempos eran tan sombríos que en 1993, Castro se vio obligado a convertir el dólar enemigo en moneda de curso legal para atraer moneda fuerte. Los cubanos comenzaron a realizar depósitos en dólares en los bancos mediante remesas del exterior. La ley de Gresham estaba en pleno vigor, ya que el buen dinero reemplazaba al malo. Sobrado estimó que hasta la mitad de todas las transacciones diarias se realizaban con dólares, una tasa similar a la actual Venezuela. Para detener esta tendencia y evitar la dolarización total, el Régimen lanzó el CUC, que según dijeron estaba respaldado por una cantidad igual de dólares en el Banco Central Cubano.

Por desesperación, Castro también permitió que los restaurantes familiares o “paladares” operaran como pequeños negocios privados. Esto fue parte de un proceso de apertura más amplio que incluyó permitir que las empresas europeas operaran hoteles cubanos, permitir que algunos ciudadanos administraran granjas independientes y restablecer la Navidad como fiesta nacional, una medida considerada como una enmienda para la eventual visita del Papa Juan Pablo II. La combinación de pequeñas reformas y una mayor inversión extranjera condujo a una relativa recuperación del Período Especial.

A principios de la década del 2000, el presidente venezolano Hugo Chávez comenzó a apoyar al estado cubano con algunas de sus nuevas ganancias petroleras, brindándole un nuevo salvavidas. Pero a pesar de que el gobierno había sido rescatado, los tiempos para el ciudadano medio continuaron siendo extremadamente difíciles. Sobrado escribió sobre una expresión que la multitud en las calles gritaba cuando el pollo estaba disponible en las tiendas: “dice que hay pollo”. Las libretas, dijo, solían tener una provisión para pescado, pero éste se agotó y el “pollo por pescado” entró en vigencia, aunque en los últimos años, el pollo también se acabó.

En noviembre de 2004, enfrentando otro colapso económico, el Gobierno cubano retiró los dólares estadounidenses de circulación. Las tiendas, las empresas y la banca estatales se trasladaron por completo al sistema CUC. Los dólares tuvieron que convertirse a CUC al llegar a Cuba, lo que permitió al Régimen apoderarse de la moneda fuerte, gravarla y reemplazarla con algo que pudieran imprimir sin ningún respaldo. El efecto en el panorama general fue que los dólares que alguna vez estuvieron en manos de los ciudadanos ahora estaban en manos del Banco Central comunista.

En la era CUC, las monedas duales permitieron al gobierno proporcionar una cantidad muy básica de algunos bienes y servicios baratos, pero crearon un sistema en el que se necesitaban CUC para cualquier cosa más allá de los artículos de primera necesidad. Por ejemplo, uno podía comprar una barra de pan de baja calidad por 1 peso en una panadería estatal (si todavía quedaban) pero por 1 CUC, podía comprar una barra mucho mejor en una tienda más lujosa. Los turistas en las últimas décadas solo usaban CUC y compraban en las tiendas de lujo con precios mucho más altos, por lo que siempre vertieron una gran cantidad de moneda fuerte en las arcas del Régimen.

El sistema de doble moneda también permitió una contabilidad creativa que benefició a las empresas estatales. Por ejemplo, como señaló Sobrado, las élites bien conectadas podían comprar un boleto para volar fuera de Cuba pagando unos cientos de pesos, en lugar de unos cientos de CUC o dólares. Esto también significaba que algunas empresas estatales podían comprar importaciones al precio en pesos, mientras que las vendían al precio en dólares. Hubo un engrandecimiento empedernido de los activos y una subestimación de los pasivos. Estos trucos financieros se hicieron a expensas del peso y del trabajador promedio.

Muchos cubanos tienen un trabajo adicional junto a su empleo estatal, lo que podría darles acceso a CUC (o hoy, MLC) y ganar lo suficiente para sobrevivir. A menudo, la gente puede ganar más que todo un salario o pensión estatal mensual en un día en el mercado negro. Sobrado dijo que algunos incluso tienen lo que él llama salarios negativos: “La gente a veces soborna a su jefe para no tener que presentarse. De esta manera, pueden trabajar en su fuente real de ingresos todo el día.

Depalma escribió que “casi todos los cubanos, ya sea un emprendedor con una pequeña empresa o un padre en busca de la cena, se convirtieron en delincuentes de una forma u otra. “Inventar” reemplazó en gran medida la palabra “robar” en la lengua vernácula cubana, y las reglas de la sociedad civil cambiaron para que se perdonara el robo, siempre y cuando lo que se robe provenga del Estado y no de un vecino o un amigo. En la nueva Cuba, “inventar” era una forma de igualar las condiciones y compensar los miserables sueldos de un dólar al día que recibían los empleados estatales”.

El decaimiento acumulado de la economía cubana es difícil de imaginar, pero el hecho de que la zafra de azúcar de 2018 produjo solo un millón de toneladas, lo mismo que la zafra de 1894, ayuda a mostrar el panorama. La alguna vez mayor exportadora de azúcar del planeta, Cuba, se había visto obligada a importar de Francia.

Las “históricas” reformas del sistema anunciadas por Raúl y Díaz-Canel terminaron siendo pequeños ajustes. El espíritu empresarial no crece en un clima sin mercado mayorista, con límites estrictos al número de empleados que se pueden contratar, donde las licencias son caras, los impuestos elevados y el crédito escaso. Para 2017, a pesar de muchas reformas muy publicitadas, un par de jeans todavía costaba un mes de ingresos estatales y las raciones se agotaban después de solo unos días. El aclamado sistema de salud permitió un brote de cólera y se inclinó hacia la atención especial para las élites. La educación siguió siendo propaganda. En 2014 y 2015, la administración de Obama levantó las restricciones estadounidenses, impulsando la empresa local con una ola de nuevos turistas. Pero Obama también puso fin a la política de inmigración “pies secos, pies mojados”, y unos años más tarde Trump revirtió la apertura.

Según DePalma, las pequeñas reformas económicas que el Gobierno ofreció a los cubanos durante los últimos 15 años no significaron “la libertad de superarse, sino el hacer alcanzar un nivel de supervivencia que el gobierno ya no podía brindar. Además de las limitaciones que impuso a sus emprendedores y a la posibilidad de acumular riqueza, el gobierno exigió a los frustrados capitalistas que compraran sus licencias por tarifas relativamente elevadas y pagaran fuertes impuestos. El objetivo, según lo describe el mismo gobierno, era hacer de Cuba un país rico sin gente rica”.

IV. La crisis de derechos humanos de Cuba

Como parte de mi investigación para este ensayo, hablé con una defensora de derechos humanos con experiencia en contabilidad y finanzas, que vive en La Habana. Ella prefirió ocultar su nombre, (“Quiero mantener un perfil bajo”, dijo) pero habló abiertamente sobre muchos temas delicados en nuestro video-chat. La llamaremos Verita.

Su preocupación es comprensible. Cuba sigue siendo un Estado comunista unipartidista. El Régimen de Díaz-Canel mantiene el clima de miedo creado por los Castro. Cualquier otro partido político es ilegal, se reprime la disidencia y se restringen severamente las libertades civiles. Según el supervisor de derechos Freedom House, “el carácter antidemocrático del Régimen no ha cambiado a pesar del nuevo liderazgo en 2018 y el proceso de normalización diplomática con Washington, se ha estancado en los últimos años”.

Cuba obtiene solo 13 de 100 puntos en el informe de la democracia (2021) de Freedom House, con solo 1 de 40 puntos en derechos políticos y 12 de 60 en libertades civiles. La Constitución prohíbe los medios de comunicación independientes y “la prensa independiente del país opera al margen de la ley, sus publicaciones se consideran ‘propaganda enemiga’ y sus periodistas son acosados, detenidos, interrogados, amenazados, difamados de forma rutinaria en la prensa oficial y se les prohíbe viajar al extranjero. . “

Los cubanos tienen prohibido publicar contenido en servidores extranjeros, incluidas las plataformas de redes sociales, y en general no pueden compartir nada “contrario al interés social, la moral, las buenas costumbres y la integridad de la gente”. Las universidades y escuelas privadas han sido ilegales desde la década de 1960, y los maestros son ascendidos en base a la lealtad ideológica, no al rendimiento académico. Los sindicatos independientes están prohibidos y los trabajadores cubanos no pueden hacer huelga, protestar o negociar colectivamente. Un dicho popular revolucionario dice: “Dentro de la Revolución, todo. Contra la Revolución, nada ”.

Verita es parte de la comunidad cubana de defensores de los derechos humanos. Nacidos mayormente en la década de los 90 luego del Período Especial, viven bajo ataques constantes. En 2003, casi al mismo tiempo que el Régimen se vió obligado a modificar el sistema monetario para mantener a flote a la sociedad, desplegó una serie de represiones en la llamada “Primavera Negra”, arrestando a decenas de poetas, autores y periodistas. Hasta el día de hoy, las hermanas, esposas e hijas de estos presos políticos marchan en La Habana todos los domingos por su libertad, y son conocidas como las Damas de Blanco.

Medios independientes como 14ymedio, fundado por la bloguera y filóloga Yoani Sánchez, y Diario de Cuba continúan informando, pero el trabajo sigue siendo difícil. Uno de los principales defensores de los derechos humanos de Cuba, Oswaldo Payá, murió en un accidente automovilístico en 2013, un incidente que se cree que fue un asesinato de estado. Salir a la calle y protestar sigue siendo un gran riesgo, como lo demostraron los cientos de desapariciones y las largas condenas para los manifestantes del mes pasado.

En 2018, un grupo afrocubano de académicos, artistas y periodistas conocido como Movimiento San Isidro, se formó para protestar contra el Decreto 349, una ley comunista que requiere que cualquier actividad artística sea pre-autorizada por el Gobierno. En noviembre de 2020, el grupo lanzó una protesta en apoyo de uno de sus miembros, el rapero Denis Solis, quien había sido condenado por “desacato a la autoridad”. La policía estatal allanó la protesta, pero el Régimen se vió obligado a prometer más derechos para los artistas y se sembraron las semillas del levantamiento del mes pasado.

Las comunidades negras cubanas han estado en el centro de estas protestas. Se estima que hasta el 90% de las familias cubanas blancas tienen parientes en el exterior como flujo de remesas, pero solo del 30% al 40% de las familias cubanas negras tienen la misma opción. Guillermo “El Coco” Fariñas, un conocido disidente negro, califica la situación como un “polvorín a punto de estallar”.

Al principio, Verita, que también es afrocubana, fue sumamente formal, leyendo literalmente un discurso que había preparado para la primera parte de nuestra conversación, cuando hablamos de economía. Siguió repitiendo la línea del Gobierno de que “la devaluación no impacta la inflación” y que el tipo de cambio del peso al dólar sigue siendo de 24 a 1. Más adelante en nuestra charla, sin embargo, se abrió y me dijo que en realidad el tipo de cambio es como 70 a 1. Estaba claro que el “Gran Hermano” todavía está vivo en su mente.

Verita explicó que el sistema MLC es una estrategia del Gobierno para almacenar divisas fuertes y evitar la fuga de dólares y euros. También era, dijo, una forma de que el Gobierno gravara al sector informal que había estado filtrando enormes cantidades de valor fuera de Cuba.

Por ejemplo, hace unos años, si querías comprar un aire acondicionado, probablemente contratarías a alguien (a veces conocido como “mula”) en un lugar como Panamá que te lo trajera y tú le pagarías en dólares, los cuales saldrían definitivamente de la economía cubana, sin que el Régimen tuviera la oportunidad de tomar una parte. Con el sistema MLC, el Régimen abastece a las tiendas con electrodomésticos como aires acondicionados, por lo que es más fácil para los ciudadanos comprarlos ahí que con una mula. De esta manera, en lugar de que se filtren divisas fuertes, el Régimen las acumula, ya que ahora los ciudadanos les piden a sus familiares, amigos y colegas que recarguen sus cuentas de MLC para poder comprar el aire acondicionado.

Como resultado, dijo Verita, el peso está en proceso de desmonetización. De las tres funciones principales del dinero, esencialmente ha perdido las funciones de depósito de valor y unidad contable, que ahora se han filtrado al MLC o al dólar, y en realidad solo vive como medio de intercambio para los individuos cuando interactúan con el Gobierno, o al comprar cosas en la calle.

Cuando le pregunté si el Gobierno tenía un plan para detener la inflación del peso, me lanzó una mirada que nunca olvidaré: volvió la cabeza, sonrió levemente y me miró con incredulidad.

“¿Plan?” ella preguntó. “No. No hay ningún plan.”

Ella estima que la economía cubana necesitaría crecer un 5% anual durante los próximos 12 años para recuperarse de su conmoción actual. Pero que en realidad se contrajo un 11% en 2020 y se reducirá aún más en 2021. Será, en sus palabras, “un desastre”.

V. El continuo impacto del embargo

Para conocer más sobre el impacto del embargo estadounidense sobre los cubanos, hablé con Ricardo Herrero, hijo de exiliados cubanos y director ejecutivo de Cuba Studygroup. Explicó que a día de hoy, debido a las sanciones de Estados Unidos, los cubanos no pueden acceder a una amplia gama de productos populares estadounidenses como PayPal, Stripe, Cash App, Zelle, Coinbase, GitHub, Adobe, Dropbox, Lyft, Uber o Amazon. Llamó al embargo “el Régimen de sanciones más rígido y expansivo contra cualquier sociedad del planeta”.

Herrero trabaja para ayudar a presionar al Gobierno de los Estados Unidos a que relaje algunas de estas restricciones. Él dijo que su trabajo es difícil, especialmente debido a las leyes Torricelli y Helms-Burton, que fueron aprobadas en la década de 1990, formalizando restricciones al comercio, negocios y viajes estadounidenses a Cuba con el fin de desestabilizar al Régimen de Castro en un momento de debilidad y así promover la oposición democrática.

A diferencia de la política cubana anterior entre los años de Kennedy y Clinton, en la nueva era desde 1996 cuando se aprobó Helms Burton, el embargo ha sido codificado como ley y no puede ser levantado por orden ejecutiva. Centrado en las reclamaciones de negocios y propiedad considerados robados por el Régimen de Castro durante la Revolución, Helms Burton amplió las restricciones existentes a las empresas estadounidenses y trata de evitar que cualquier empresa del mundo haga negocios en Cuba. Amenaza, por ejemplo, con impedir que una corporación ingrese o haga negocios con Estados Unidos si opta por hacer negocios con Cuba.

Los presidentes de Estados Unidos, Clinton, Bush y Obama prescindieron de parte de la ley, por lo que algunas entidades extranjeras han podido hacer negocios con Cuba, con resultados mixtos. Como señaló secamente Sobrado, el Havana Hilton (que fue rebautizado como Habana Libre durante la Revolución) finalmente fue entregado a la cadena hotelera española Meliá Hotels International. Desde el año anterior el famoso hotel se mantuvo vacío.

El año pasado, el presidente Trump designó a Cuba como Estado patrocinador del terrorismo e introdujo 243 nuevas medidas para fortalecer el embargo. El presidente Biden aún tiene que rescindirlos. Herrero dijo que Helms Burton es el disuasivo que explica por qué no se ven Starbucks, tiendas Zara o McDonalds en Cuba. Es por eso que Cuba no recibe préstamos del Fondo Monetario Internacional (FMI) ni del Banco Mundial. Es por eso que la Central Nuclear de Juragua nunca se terminó. Durante la apertura de Obama en 2015 y 2016, algunas compañías de pagos estadounidenses intentaron explorar la instauración de servicios de pago entre Estados Unidos y Cuba, pero una vez que Trump ganó las elecciones, quedó claro que la apertura se revertiría y los planes se pospusieron.

El embargo, dijo Herrero, le da “oxígeno político” a la narrativa revolucionaria del Gobierno cubano.

“Es el malo de la película”, dijo. “Sin él, el Régimen sufriría un colapso ideológico”.

El embargo mezclado con un gobierno inepto y represivo es una combinación especialmente trágica. Como quedó ilustrado recientemente, cuando un ciudadano británico diabético no pudo encontrar insulina en La Habana debido a la escasez de suministros médicos, su esposa trató de enviarle algo desde Londres, pero DHL devolvió el paquete, garabateando “Sanciones de Estados Unidos a Cuba” en la etiqueta. Murió en un hospital poco después.

“La combinación de las sanciones estadounidenses a Cuba, la mala gestión de los escasos recursos de Cuba y la pandemia del Covid-19 es un brebaje letal”, dijo su esposa.

Herrero todavía le da la mayor parte de la culpa del sufrimiento del pueblo cubano directamente al Régimen, diciendo que juega un juego artero. El Régimen culpa al embargo de todas o la mayoría de las crisis en Cuba, pero “nunca han perdido la oportunidad de perder la oportunidad de levantarlo”.

Se sigue utilizando el embargo como chivo expiatorio y como herramienta para atraer la simpatía internacional por su causa.

“Se pintan”, dijo Herrero, “como un David contra el Goliat imperialista”.

Bajo la apertura de Obama, algunas empresas estadounidenses aterrizaron para cerrar acuerdos, pero los cubanos permitieron que se firmaran muy pocos. Herrero explicó que esto se debía en parte a su mentalidad soviética: “Los burócratas fueron entrenados para ser enemigos de los yanquis y oponerse al capitalismo”.

Cuando se les presentó la oportunidad de conectar a Cuba con el mundo, no la aprovecharon. Durante la última década, el Régimen cubano ha hablado de empresas privadas y descentralización de la economía, pero en realidad las promesas se quedaron en palabras.

Anthony DePalma explicó que el Régimen les recuerda constantemente a los cubanos sobre “el peligro imperialista del Norte”, pero también exige que el Imperio retire su embargo para que Cuba pueda hacer más negocios con Estados Unidos y sus aliados. El Régimen ha utilizado la amenaza perpetua de la intervención estadounidense como una tapadera para cada paso en falso, programa fallido, escasez de alimentos o apagón eléctrico durante las últimas seis décadas; pero también depende de los miles de millones de dólares estadounidenses que los exiliados envían en remesas para mantener Cuba a flote. Los medios estatales presentan a Estados Unidos como un infierno de adicción a las drogas, asesinatos en masa y consumismo desbocado, mientras retratan a Cuba como un paraíso igualitario dirigido por un gobierno que no puede hacer nada malo. Y, sin embargo, cuando los cubanos comparan sus propias vidas con lo que escuchan de sus familiares en Miami o con lo que ven en Internet, saben que no es así “.

Casi todo lo que el Régimen promueve sobre su economía es un velo de ideología que oculta explotación. A partir de 2018, la principal fuente de ingresos de Cuba no era, para sorpresa de muchos, la industria del turismo, sino la exportación de más de 50.000 profesionales sanitarios cada año a más de 60 países. El sistema educativo de Cuba está diseñado para producir un excedente de médicos, enfermeras y técnicos – un “ejército de batas blancas” – que son enviados al exterior en un plan de relaciones públicas. Herrero dijo que el programa es una forma de “entretejer la Revolución” en una solución, donde el Gobierno anuncia orgullosamente que enviaran brigadas alrededor del mundo para salvar a los oprimidos, que han sido ignorados por las potencias imperialistas. En realidad, el Estado confisca el 75% de los salarios de estos trabajadores, recaudando más de 11 mil millones de dólares por año, convirtiendo una forma de servidumbre bajo contrato en la mayor exportación de Cuba.

Mientras tanto, a los cubanos en el exterior les resulta difícil hacer un simple envío de dinero a sus familias. Herrero dijo que una de las formas era hacer una transferencia bancaria a alguien en Panamá que “llevaría dinero en una bolsa de lona” a La Habana. Otra forma sería confiar en un sistema tipo Hawala. Uno podría darle $100 a alguien en Miami, y llamarían a su socio comercial en La Habana para pedirle que le entregaran $100 (menos su comisión) a la familia. Las transacciones de Western Union de Estados Unidos a Cuba también eran una opción hasta el noviembre pasado, cuando la administración de Trump las cerró. La compañía cerró 407 ubicaciones en toda la isla, lo que parece asombroso, pero Herrero dijo que la mayoría de los cubanos ya encontraban el servicio demasiado caro.

Por ejemplo, Herrero detalló una transacción de Western Union del año pasado, cuando alguien envió $1,030 a un familiar en Cuba. La tarifa fue de $77.25, por lo que el total pagado por el remitente fue de $1,107.25. La cantidad que se le entregó al destinatario en Cuba fue de $1,000. La tarifa de dos dígitos se dividió en: el 1.5% que se quedó en los EE. UU como tarifa de despacho, el 4% que se destinó a Western Union, el 1.5% que se destinó a Fincimex (el procesador de pagos del Estado cubano, ahora sancionado) y el 3% que fue quemado por el “ tipo de cambio”, que el gobierno se embolsa.

Incluso si Estados Unidos abre Western Union nuevamente, los destinatarios solo recibirían $1,000 a la “tasa oficial” de 24 pesos a 1 dólar. El receptor recibiría entonces 25.000 pesos, aunque el valor real de la remesa es de 70.000 pesos. El Régimen se queda con la diferencia.

Los estadounidenses, dijo Herrero, podían recargar las cuentas de MLC directamente con dólares hasta el verano pasado. Pero las nuevas sanciones de la administración de Trump cerraron este canal. Combinado con el cierre de vuelos y la reducción del turismo, Herrero dijo que esto fue un golpe doble que provocó una reducción drástica en los flujos de dólares a Cuba. Ahí justamente, dijo, es cuando Bitcoin comenzó a despegar.

“No hay ninguna moneda”, me dijo, “que te hubiera ayudado a navegar las oscilaciones de las políticas entre Estados Unidos y Cuba durante los últimos cinco años mejor que Bitcoin”.

“Es difícil que algo crezca en Cuba”, agregó, “pero si has estado invirtiendo en bitcoin durante los últimos años, has estado creciendo”.

VI. Bitcoin como truco práctico contra el sistema cubano

Herrero me habló de Erich García Cruz, una figura de Bitcoin popular en Cuba. Llamó a Cruz un “CNET de un solo hombre”, ya que a menudo aparece como invitado en la televisión estatal, y tiene su propio canal de YouTube popular en el que analiza diferentes tipos de tecnología y sistemas de pago. Contacté con Cruz para obtener más información.

“He vivido en La Habana desde el día que nací”, me dijo Cruz. Se sintió cómodo usando su nombre real para esta entrevista, ya que ya es una persona “muy popular, muy conocida” dijo.

Cruz dijo que las actuales protestas han sido desencadenadas por la falta de alimentos, la falta de medicamentos, por las personas padeciendo de hambre, que intentan sobrevivir en condiciones crueles, durante una pandemia, con la burocracia gubernamental y con una alta inflación.

“El pueblo cubano está cansado”, dijo. “Quieren una vida mejor”.

“El sistema no está funcionando”, dijo Cruz, “por lo que la gente está usando Bitcoin como escape”.

El negocio de Cruz, Bitremesas, es una solución al gigantesco problema que tiene la gente cuando intenta enviar remesas de Estados Unidos a Cuba. Nuevamente, debido al embargo, los bancos estadounidenses no pueden transferir dólares a cuentas cubanas. No hay Transferwise, PayPal, Revolut, ni siquiera Western Union.

El método de la mula todavía funciona, de transferir dinero a alguien que va físicamente a Cuba y le da dinero en efectivo a su familia, pero esto es caro y consume mucho tiempo. Cruz dijo que también se puede hacer una transferencia a un banco en España, por ejemplo, donde luego la remesa se puede enviar directamente a la cuenta MLC de alguien. Pero, de nuevo, es caro y requiere de mucho tiempo.

La mejor opción, dijo Cruz, es usar Bitcoin.

“Se ha convertido en una forma de conectarse con el mundo exterior”, dijo. “La cantidad de cubanos que usan Bitcoin se está disparando”.

Cruz estima que al menos 300,000 cubanos han usado bitcoin o criptodivisas al menos una vez, y que tal vez 100,000 lo usan de manera regular. Esto es el 2.5% de la población de la isla, coincidente con las estimaciones globales de que 200 millones de los 7,800 millones de personas del mundo han utilizado Bitcoin.

Cruz dijo que cualquier empresa cubana que no use Bitcoin hoy para interactuar con el sistema financiero internacional aprenderá de la manera difícil, se adaptará y adoptará.

“Todas las empresas con cara afuera se verán obligadas a utilizar Bitcoin”, dijo. “Tenemos un dicho en Cuba: hay que subir a la guagua (bus), porque la guagua sale del pueblo”.

Él cree que la adopción de Bitcoin ya es mayor per cápita en Cuba que en Europa o Canadá, pero me dijo que no siempre creyó en Bitcoin. De hecho, hasta marzo de 2020 pensó que se trataba de una estafa. Siempre había amigos y colegas, dijo, tratando de introducirlo al mundo las criptomonedas, pero me intentaban meter para que luego enviara el BTC a esquemas piramidales como Arbistar o Trust Investing.

“Yo le tenía mucho escepticismo”, dijo.

En marzo de 2020, Cruz hizo un video popular donde expuso Trust Investing y mostró cómo era un esquema piramidal. Como parte de la reacción al video, la gente lo alentó a buscar otras opciones de inversión. Uno fue bitcoin. Se prometió a sí mismo intentar convertirse en un experto en el tema.

En abril y junio de 2020, fue “por la madriguera del conejo” y “descubrió el Santo Grial”. A través de la lente de Bitcoin, me dijo, “empiezas a ver las limitaciones reales que tienen los cubanos y la libertad que brinda Bitcoin. Ves el mundo desde una perspectiva diferente “.

“No podemos acceder a las soluciones de pago tradicionales. Estamos estancados. Bueno, si ese es el caso “, dijo,” entonces crearé mi propio proveedor de pagos usando Bitcoin y desarrollaremos un negocio en torno a esta oportunidad “.

El 1 de septiembre de 2020, Cruz lanzó Bitremesas para que las familias cubanas puedan realizar transacciones más fácilmente entre EE. UU. Y Cuba. El proceso es simple: alguien en los EE.UU. envía bitcoins a una billetera administrada por Bitremesas (me dijo que es una billetera multifirma 2 de 3 (two-of-three multisig wallet), para mayor seguridad), luego la compañía vende el bitcoin por MLC o pesos, y lo entrega al destinatario.

Él describe un sistema de “oferta negativa”, en el que su empresa anuncia una remesa de bitcoins de $100 recién recibida en una red local: un comerciante ofrecerá $95, otro $94. Bitremesas se lo vende al mejor postor y tomará el diferencial como beneficio. El comerciante le entrega el dinero al destinatario. La gran ventaja que esto tiene sobre otras formas de enviar dinero a Cuba, dijo, es que el receptor se acerca más al tipo de cambio real. Pasar por el sistema oficial, dijo, significa quedar atrapado con la tasa de 24 pesos a 1 dólar.

Dijo que el pueblo cubano es “astuto e inteligente” y está almacenando valor en bitcoin porque confía más en él que en el peso.

“Si puedes comprar satoshis con pesos y puedes esperar tres años, estás aumentando enormemente tu poder adquisitivo”, dijo.

“No me gusta hablar de política o delgGobierno o si tienen las políticas correctas o incorrectas”, dijo Cruz. “Solo estoy tratando de enseñar a mis compatriotas cubanos cómo vivir con Bitcoin y las criptomonedas”.

Él le da crédito a Satoshi Nakamoto por su nueva vida y su nuevo negocio.

Cruz dijo que no tiene ninguna información política especial, pero dijo que el Gobierno está investigando la criptomoneda como parte de su plan actual de cinco años y que eventualmente podría adoptar una estrategia de Bitcoin. Por ejemplo, podría comenzar a aceptar bitcoin en las tiendas MLC, o permitir que los ciudadanos usen bitcoin para recargar cuentas de MLC, o para vender ofertas turísticas o incluso exportaciones de bitcoins.

“Esta sería una movida inteligente, una buena manera de acumular la moneda más fuerte”, dijo. “Pero estamos hablando del Gobierno cubano, así que no lo sé”

Cruz sigue siendo muy crítico con el embargo de Estados Unidos, que le impide acceder a una variedad de servicios que de otro modo estarían disponibles para las personas que viven a solo unos cientos de kilómetros de distancia en Miami.

“Pero luchar contra el embargo”, dijo, “es una lucha que no se puede ganar”.

“En Cuba hay dos opciones”, agregó. “Puedes salir de Cuba y escapar de la Matrix, o puedes quedarte en el juego. Bitcoin es un truco práctico para jugarlo. Por ahora, prefiero quedarme”.

VII. Construyendo una economía Bitcoin en La Habana

Jorge trabaja para una empresa de Bitcoin en La Habana. Descubrió Bitcoin en marzo de 2018, cuando aprovechó el acceso ampliado a Internet de Cuba para comenzar a operar y “apilar sats” en línea para diversas tareas. Sin embargo, durante gran parte de la vida de Jorge, conectarse con el mundo exterior había sido casi imposible. La web estaba muy restringida y la información solo podía llegar a Cuba de manera sigilosa.

En mis prácticas profesionales en la Fundación de Derechos Humanos, ayudé a participar en un programa en 2007 en el que enviaríamos libros y películas extranjeras al sistema de “biblioteca clandestina” de la Cuba antes del Internet. Desde una oficina en Nueva York, grababa copias de películas subtituladas como “V de venganza” y “Corazón valiente” en DVD, que se disfrazaban como CDs de música y se enviaban a Cuba con ciudadanos latinoamericanos que iban a la isla a través de México. Dejaban el contenido de samizdat, junto con suministros médicos y otra tecnología, con nuestros contactos, quienes realizaban proyecciones privadas en sus hogares en reproductores de DVD portátiles para otras tres o cuatro personas a la vez, después organizaban grupos de debate.

Durante muchos años, esto, junto con la recepción de señales de radio de Florida, es la forma en la que los cubanos accedían a información externa. Unos años después, nació el “paquete”: un sistema donde algunos cubanos usaban equipos satelitales ilegales para descargar contenido extranjero y subirlo a discos duros, que luego se difundían a través de comunidades en las que la gente pagaba por unidad para transferir lo que querían a sus propias memorias USB para ver o leer en casa.

En 2014 y 2015, el WiFi comenzó a aparecer en Cuba en hoteles y puntos de acceso público. El “paquete” creció drásticamente en este punto, y a algunas personas se les pagaba simplemente por quedarse y descargar contenido todo el día. En 2017 y 2018, se introdujeron los servicios de datos para teléfonos móviles. El acceso a internet ha aumentado drásticamente en los últimos años, pero todavía está censurado, es lento y vigilado.

“No hay un gran firewall”, dijo Jorge, “pero nuestra experiencia no es tan fluida y brillante como la web libre”.

Para hablar conmigo, usó un VPN.

El poder del Internet en Cuba se exhibió plenamente el mes pasado, cuando una publicación de Facebook del 10 de julio en la pequeña ciudad de San Antonio de los Baños ayudó a encender las protestas nacionales al día siguiente.

“¿Cansado de no tener electricidad?” pregunta la publicación. “¿Harto de tener que escuchar la insolencia de un gobierno que no se preocupa por usted? Es hora de salir y de exigir. No critiques en casa: hagamos que nos escuchen “.

Jorge no podría haber predicho el movimiento del 11 de julio de este verano, pero de cualquier manera estaba encantado de conectarse con el mundo en línea. La nueva forma de dinero digital de Bitcoin fue una de las cosas más interesantes que encontró en la web, pero no sabía cómo “darle uso” a la nueva moneda digital más allá del ahorro. Fue entonces cuando fundó Bitrefill.

A través de este servicio en línea, comenzó a recargar crédito a su teléfono usando bitcoin. En la plataforma, los cubanos pueden comprar cupones para teléfonos móviles, junto con otras cosas como cupones de tiendas de aplicaciones y juegos, directamente con bitcoins que ganan, compran o reciben desde el extranjero a través de plataformas como Bitremesas. En el caso de Jorge, él almacena sus bitcoins en las aplicaciones Muun o Blue Wallet de su teléfono. Dijo que estas dos son sus favoritas: ambas aplicaciones son gratuitas, de código abierto, habilitadas para la red Lightning y disponibles para los cubanos en español directamente desde la tienda Google Play. A partir de ahí, es solo un paso más para comprar cosas con Bitrefill.

A través de la plataforma, algunos cubanos han encontrado oportunidades de arbitraje en un sistema financiero exorbitante. Por ejemplo, para atraer divisas, la empresa estatal de telecomunicaciones ETECSA a veces proporciona crédito adicional si uno recarga su teléfono móvil con euros o libras. Las promociones son tan buenas que algunos cubanos pagan a intermediarios para que recarguen sus teléfonos desde el exterior. Pero un cubano ahora puede sentarse en casa, ganar o comprar bitcoins y luego recargar el teléfono de cualquier persona con el servicio Bitrefill, obteniendo una buena ganancia.

Jorge dijo que hoy incluso aprovecha un mercado informal para pedir comida utilizando Bitcoin. Hace un pedido a través de un servicio P2P (peer-to-peer) y la comida preparada llega a la puerta de su casa. Paga en bitcoin; una versión cubana cypherpunk de Uber Eats. Dijo que entre su negocio, sus comidas y varios otros artículos, compra casi todo lo que necesita hoy con bitcoin. Para Jorge, vivir en una economía Bitcoin no es un sueño futuro, es el presente. 

El uso de Bitcoin de manera tan exhaustiva para vivir no está muy generalizado, dijo Jorge, y admite que es uno de los primeros en adoptarlo. Pero de cualquier manera es muy fácil para él cambiar bitcoins por MLC o pesos y comprar lo que necesite, dijo.

Cuando se le preguntó si Bitcoin era una moda pasajera, o algo que podría dejar de usar en algún momento, dijo: “No voy a volver. No puedo imaginar mi vida ahora mismo sin Bitcoin “.

Señaló a amigos que son médicos o abogados, cuyos ahorros fueron devorados por la inflación antes de encontrar Bitcoin, u otros que son empresarios y actualmente están construyendo toda su vida alrededor de Bitcoin, al igual que él.

Cuando hablé con Sobrado, el investigador de divisas cuyo trabajo informó gran parte de este ensayo, me habló de un negocio que tenía en Cuba antes de la pandemia. Creó un equipo que prestaría servicios, por ejemplo, a taxistas y propietarios de apartamentos, para facilitarles la aceptación de pagos extranjeros.

La empresa de Sobrado le permite a los extranjeros pagar en línea su recogida en el aeropuerto de La Habana. Sobrado recibe sus euros en una cuenta extranjera, y luego vende esos euros por bitcoins, que se podrían enviar a su equipo en Cuba en minutos, y venderlos allí por CUC o pesos. Su equipo luego entrega el dinero en efectivo a los conductores.

Sobrado brindó un servicio similar con los cubanos usando booking.com o Airbnb, que tienen un permiso especial de la OFAC para operar en la isla.

“Digamos que eres dueño de un apartamento en Cuba”, me dijo. “Obtienes una licencia para hacer negocios, alquilas tu casa en línea y llega el primer invitado. La forma en la que el huésped paga AirBnB es a través de una empresa de remesas llamada Va Cuba. Para el lado cubano, lo que esto significa es que un tipo aparecería en la puerta de tu casa y preguntaría por ti y, si estás en casa, te entregaría un sobre con dinero en efectivo. Este tipo a menudo llegaba tarde, daba el tipo de cambio oficial, era un desastre. En cambio, lo que hacemos es pagarle directa e inmediatamente, al precio real, usando Bitcoin como una vía”.

Si Bitcoin no existiera, dijo Sobrado, estos negocios no habrían funcionado. Habría tenido que subir los precios al menos un 5% y los márgenes de beneficio habrían desaparecido. Sobrado dijo que los mejores meses en términos de ingresos generales fueron finales de 2019 y principios de 2020. Durante la pandemia, dijo, “todo murió”, pero es otro ejemplo de cómo las mentes creativas están usando Bitcoin para mejorar vidas, hacer cosas más eficientemente y ganar dinero incluso en un deprimente estado policial.

Al escribir sobre la adopción de Internet en Cuba en 2017, el autor Antonio García Martínez dijo que una palabra que va más allá de lo rutinario es “Resolver”, que “en la práctica es más cercano a la noción de Silicon Valley, cheatcode (truco práctico): apañárselas pero sin adoptar una pose humildemente pretenciosa de estilo de vida.

“¿Necesita navegar por los interminables obstáculos implicados en conseguir una licencia de pequeña empresa? Resolver.”, escribió. “Los cubanos son los reyes y reinas del resolver, los virtuosos del resolver. Es lo único que les ha mantenido a flote desde el “Período Especial””

Sin embargo, escribió Martínez, “dispuesta a actuar contra las fuerzas ingeniosas para resolver, se encuentra otra palabra importante: Complicado.”

“¿Quiere hablar con los periodistas disidentes que burlan la censura cubana sistemáticamente y son hostigados y encarcelados? Es complicado.”, escribió. “¿Quiere conseguir un pasaporte y visa para viajar al extranjero? Es complicado.”

Según Jorge, Bitcoin es la encarnación del resolver. Es una solución alternativa, una forma de derrotar lo complicado.

Como escribió Martínez, resolver “casi siempre” le gana a lo complicado, “especialmente cuando se puede ganar dinero de verdad”.

Aunque Martínez hizo esta observación en los días anteriores a Bitcoin en Cuba, no podría ser más cierto hoy, cuando los ciudadanos están recurriendo a Bitcoin en lugar de pesos en busca de “dinero real”.

Jorge me dijo que Bitcoin no es una solución mágica para todos los problemas de Cuba y señala que la gente se enfrenta a un momento increíblemente difícil por varias razones. Ve la adopción nacional de Bitcoin en El Salvador y dice que los servicios utilizados allí como Strike (que conectan Bitcoin con el sistema bancario local) no están disponibles en Cuba y probablemente no lo estarán debido al embargo.

Pero, dijo Jorge, la gente hoy está aprendiendo más sobre Bitcoin, se está entusiasmando y está ahorrando. Después de tantos años del gobierno serruchando el piso a los ciudadanos con los sistemas CUC y MLC, hoy en día, los usuarios de Bitcoin son los que se lo están haciendo al gobierno al intercambiar pesos o MLC por bitcoin; una forma superior de dinero que se ha apreciado dramáticamente durante la última década. Tal vez, dijo Jorge, la gente por fin sea la que ría al último.

Le pregunté a Jorge sobre las muchas críticas occidentales de Bitcoin, que dicen que es solo para delincuentes y que no tiene ningún valor social. Se rió con incredulidad. La vida de muchas personas “ha mejorado drásticamente” a través de Bitcoin, dijo.

“Esta tecnología evita bloqueos y restricciones gubernamentales, te permite mover valor sin confiar en nadie, te conecta con el mundo y permite empoderarse y hacer cosas que de otro modo serían imposibles”, dijo. “Ha creado esperanza para quienes desean un cambio”.

VIII. La nueva Cuba que se viene

Al igual que otros regímenes cerrados como Corea del Norte y la Unión Soviética, la tecnología y la información externa están teniendo un impacto masivo en Cuba. No hay forma de que un movimiento de protesta como el 11 de julio pudiera haber escalado a nivel nacional sin que las personas pudieran organizarse digitalmente y conectarse entre sí.

Cuando hablé con Antonio García Martínez recientemente, me dijo que “el Internet va a destruir 62 años de comunismo cubano”.

En la isla, dijo, “el Internet es una máquina para destruir a las élites, que dependen del monopolio de la información”.

“Si el Internet se mantiene”, dijo, “el Gobierno cubano eventualmente caerá”.

Pero después de casi 20 años de reformas económicas y media década de tener una población conectada, el Partido comunista cubano todavía se mantiene en el poder. Incluso la llegada de Internet no ha sido suficiente para deshacerse de su control. Su naturaleza obstinada y conservadora lamentablemente ha funcionado, y lo ha mantenido vivo durante muchas décadas. Si bien Bitcoin podría ser una buena forma de acumular la moneda más fuerte del mundo, los dinosaurios a cargo pueden pensar que no es un riesgo que valga la pena correr.

Del lado estadounidense, la Administración de Biden ordenó una “revisión” de las remesas a Cuba, tratando de determinar cuál es la mejor manera en que los estadounidenses envíen dinero a su familia en la isla sin apoyar al Régimen. La respuesta, por supuesto, es Bitcoin, pero dada la animosidad de la Secretaria del Tesoro (Yellen) por la nueva moneda, es poco probable que estén dispuestos a admitirlo y empezar a ponerlo en práctica en su política exterior.

Hablando con los cubanos durante las tumultuosas últimas semanas, una cosa está clara: un creciente número de personas no va a esperar a que su gobierno lance alguna nueva reforma, o que la Administración de Biden suavice sus sanciones. Ellos prefieren apoderarse de su propio destino financiero a través de Bitcoin.

Hace más de 100 años, el gran poeta cubano José Martí escribió que “los derechos se toman, no se piden; se arrancan, no se mendigan”. Éste podría ser el lema del nuevo movimiento de Bitcoin en Cuba.

Quizás las protestas políticas actuales sean suficientes para mostrarle al mundo que los cubanos están cansados de vivir bajo una dictadura, pero no lo suficiente para acabar con el Régimen. A lo largo de las décadas, muchos predijeron la caída de la tiranía de Castro, pero se demostró que estaban equivocados.

Mientras tanto, los cubanos continuarán con su protesta pacífica, optando por salir del sistema explotador del peso y el MLC, y entrar al de Bitcoin. Después de seis décadas de miseria económica, finalmente hay una salida.

Ya sea a través de individuos como Lucía en Matanzas, apilando sats discretamente todos los días, o Erich o Jorge en La Habana, que siguen innovando e incorporando a las masas, Bitcoin es ahora un movimiento verdaderamente cubano, un “resolver” que parece poco probable que se detenga.

Esta es la traducción de una publicación invitada de Alex Gladstein en Bitcoin Magazine. Las opiniones expresadas son totalmente propias y no reflejan necesariamente las de BTC Inc, Bitcoin Magazine o La Nueva Moneda.

Traducido por Nicolás Gallardo Ortega

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