La transición a medio de pago

En el proceso de llegar a ser ampliamente valorado, y por ende un depósito de valor, un bien monetario multiplicará su poder adquisitivo, creando un coste de oportunidad al usarlo como medio de pago.

Un bien monetario no puede convertirse en un medio de pago mayoritariamente aceptado (la definición estándar de dinero) antes de ser ampliamente valorado, por la tautológica razón de que un bien no valorado no es aceptable como pago. En el proceso de llegar a ser ampliamente valorado, y por ende un almacén de valor, un bien monetario multiplicará su poder adquisitivo, creando un coste de oportunidad al usarlo como moneda de cambio.

En concreto, un bien monetario llega a ser conveniente como medio de pago sólo cuando la suma del coste de oportunidad más el coste de la transacción comercial cae por debajo del coste de la transacción sin usar el bien.

En una sociedad basada en el trueque, un bien monetario puede ser usado como medio de pago incluso mientras el bien sigue apreciándose, porque los costes transaccionales del trueque son altísimos. En una economía desarrollada, donde los costes transaccionales son bajos, el uso como moneda de cambio de un depósito de valor en desarrollo y que se aprecia rápidamente como Bitcoin, es posible pero de forma muy limitada. Un ejemplo es el mercado ilegal de la droga, donde los compradores están dispuestos a sacrificar la oportunidad de conservar sus bitcoins a cambio de minimizar el riesgo de comprar las drogas usando moneda fiat.

Existen, sin embargo, grandes barreras institucionales para que un naciente depósito de valor llegue a ser un medio de pago ampliamente aceptado en una sociedad desarrollada. Los Estados tienen una poderosa herramienta llamada impuestos para proteger su soberanía monetaria de ser desplazada por la competencia de un nueva moneda. Una moneda oficial disfruta de la ventaja de una demanda constante ya que los impuestos se pagan con ella, pero además, las ganancias de otros bienes monetarios que se aprecian incurren en impuestos al ser vendidos. Esto último provoca un significativa fricción para el uso de un depósito de valor como medio de pago.

Sin embargo esta desventaja de los bienes monetarios privados no es una barrera infranqueable. Cuando la gente (el mercado) pierde la confianza en una moneda oficial, su valor colapsa en un proceso conocido como hiperinflación. En este proceso, el valor de la moneda se desploma primero frente los bienes más líquidos disponibles en esa sociedad: el oro o divisas extranjeras como el dólar. Cuando no hay disponibles bienes líquidos o la oferta es escasa, la moneda colapsará frente a otro tipo de bienes, como propiedades inmobiliarias y materias primas. La imagen que mejor resume la hiperinflación es una tienda de comestibles sin productos en las estanterías porque los consumidores se deshacen lo antes posible de la moneda estatal que pierde valor en sus manos.

Al final se pierde completamente la confianza en la moneda, nadie la acepta y la sociedad decaerá al trueque si no se ha terminado de implantar una moneda de cambio distinta. La sustitución del dólar de Zimbabue por el dólar estadounidense en 2008 es un buen ejemplo de este proceso. Sustituir una moneda oficial por una extranjera se complica si hay escasez de la divisa entrante y ningún banco internacional proporciona liquidez.

El poder de transferir bitcoins a través de cualquier frontera y sin necesidad de un sistema bancario convierten a Bitcoin en la moneda ideal para las personas afectadas por una hiperinflación. Durante los próximos años, a medida que las monedas fiat continúan en su tendencia histórica hacia la completa devaluación, Bitcoin será un destino cada vez más popular para los ahorros globales. Cuando una moneda nacional sea abandonada y reemplazada por Bitcoin, en esa sociedad Bitcoin habrá completado la transición: desde “depósito de valor” a “medio de pago ampliamente aceptado”. Daniel Krawisz acuñó el término “hiperbitcoinización” para describir este proceso.

Para lograr eso, la población tendrá que estar bien informada sobre lo que significa adoptar Bitcoin como la nueva moneda. Y para conseguirlo, hay que aclarar los mitos e ideas falsas que existen actualmente.

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